El matrimonio es la expresión de un amor tan puro y profundo que
su manifestación es un compromiso para toda la vida.
Ángel
Manuel Rodríguez
Desde
un punto de vista bíblico, ¿qué hay de malo en la cohabitación o concubinato?
El
término "cohabitación" o concubinato es usualmente definido
como una relación heterosexual de corta o larga duración fuera del matrimonio.
Mientras que el término en sí carga con una connotación negativa o peyorativa
en nuestra sociedad, hay una tendencia a reemplazarlo con uno más técnico:
"pareja".
El tema es complejo en sí y difícil de abordar.
La práctica de la cohabitación o concubinato llegó a ser entendida en
el pasado como una indicación de la decadencia moral o social, pero éste
ya no es el caso. La sociedad occidental la está aceptando como un tipo
de matrimonio al que ella misma empuja por gravar las leyes con "penalidades
matrimoniales" y por la reducción de los beneficios de la seguridad
social de viudos o viudas que se vuelven a casar. Además, la cohabitación
es promovida por los medios de comunicación de la sociedad occidental
como una alternativa válida al matrimonio tradicional.
Con el propósito de evaluar apropiadamente el tema, tenemos que examinar
la comprensión bíblica del matrimonio y entonces determinar, en todo caso,
si la cohabitación es o no compatible con ella.
1.
Instituido por Dios: ésta es la común creencia cristiana de que
el matrimonio fue instituido por Dios mismo, lo cual era muy bueno (Gén.
1:31; 2:22-24). él reguló la acción de cada cosa que creó, con el propósito
de asegurar su correcta función e interacción con el resto del mundo creado
(ver Gén. 1:4, 12, 17, 18). Después de crear a Adán y a Eva, Dios los
reunió y definió la forma en que debían relacionarse el uno con el otro
(Gén. 2:24). Hasta ese momento, el matrimonio debía ser un reflejo de
la relación original que Dios estableció entre la mujer y el hombre. Algún
reclamo de independencia de la intención divina para el matrimonio sería
seriamente sospechoso.
2. Testimonio público: El matrimonio
no es un convenio hecho entre dos personas sin la necesidad de considerar
a Dios y otros seres humanos. El matrimonio bíblico se realiza ante la
observación del Creador y de testigos humanos con el propósito
específico de introducir en la relación
el elemento de la responsabilidad mutua.
Originalmente, Adán y Eva fueron unidos en la presencia de Dios mismo.
Desde aquel entonces, la unión de dos personas en matrimonio fue un evento
comunitario (ver Juan 2:1). El establecimiento de una familia no era un
asunto de discreción individual sino un evento que tenía un impacto en
la sociedad toda. Esta comprensión del matrimonio no es popular en una
cultura que rinde culto al individualismo, pero es importante en una sociedad
que aspira a preservar sus valores e integridad.
3. Compromiso permanente: La unión
efectuada en el matrimonio establece una relación definitiva y permanente.
En la Biblia el matrimonio no es un experimento por el cual se determinará
si los miembros de la pareja permanecerán o no plenamente comprometidos
el uno con el otro. Es la expresión de un amor que es tan puro y profundo
que está dispuesto a manifestarse en un compromiso de por vida. En esta
nueva relación el cónyuge deja a su madre y a su padre con el fin de unirse
al objeto de aquel amor (Gén. 2:24; Mat. 19:6). Hay una separación que
los dirige a un nuevo tipo de unidad permanente fundada en el amor. Es
dentro de esa unidad de mutuo autorespeto, compromiso y permanencia que
la actividad sexual tiene lugar como una expresión "sacramental"
de la unión existencial de la pareja. Ese acto une sus vidas y no simplemente
sus cuerpos.
4. Evaluación: La cohabitación o
concubinato es una unión de dos personas sin buscar la bendición de Dios
y la aprobación formal de la comunidad. Por lo tanto, es fundamentalmente
una relación para el presente, con un pequeño interés por el futuro de
ella. El elemento del mutuo compromiso es significativamente menor que
en un matrimonio cristiano y a menudo llega a ser una ocasión de temor
de parte de, por lo menos, uno de los integrantes de la pareja. Hay también,
en este tipo de relación, un significativo riesgo de daño emocional que
deja cicatrices imborrables. Ninguno debería pretender que ella o él pueda
vivir solamente para el presente sin tener en consideración el futuro
y las intenciones de Dios para nuestro bienestar social y espiritual.
Los miembros de la iglesia deberían hacer
todo lo que puedan para ayudar a parejas que cohabitan a estar unidas
en matrimonio cristiano. Nosotros deberíamos amarlas e interesarnos por
ellas a pesar del hecho de que no aprobamos su estilo de vida. Ellos simplemente
no conocen todavía la belleza de un verdadero hogar cristiano.