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Ángel
Manuel Rodríguez
)Qué sucedía con la sangre que era derramada en la base del altar
del santuario israelita en el cual se quemaban las ofrendas? )Cómo se mantenía aseado dicho altar?
La Biblia no informa acerca del plan que existía para eliminar
la sangre después de finalizados los sacrificios. La única información
disponible es que era vertida en la base del altar (véase Lev. 4:7). Desde
el punto de vista estético e higiénico, no hubiese sido elegante y menos
saludable, si todo hubiera concluido con el acto del derramamiento de
la sangre en la base del altar. Como esta situación ha generado preguntas,
en esta ocasión pretendemos tratar el tema.
Suele ocurrir que la Biblia ofrece ciertos rayos de luz los
cuales muestran pistas que permiten descifrar un determinado asunto. Cuando
esa situación no se da, es útil examinar fuentes extrabíblicas con la
finalidad de intentar el hallazgo de informaciones acerca de las cuales
el texto sagrado no ofrece una respuesta explícita.
Con relación a esta consulta, la arqueología no ofrece una ayuda
específica. Aunque se han encontrado numerosos altares paganos pero, al
analizar su estructura, no resultan útiles para develar el enigma. Esto
se entiende si lo analizamos tomando en cuenta que en el antiguo Cercano
Oriente la sangre de las víctimas del sistema de sacrificios, no desempeñaban
un papel significativo. Principalmente los holocaustos se ofrecían a los
dioses como alimento; en ellos la sangre no cumplía una función expiatoria.
Sin embargo, hay dos informaciones bíblicas y también las hay
de ciertas fuentes extrabíblicas que pueden resultarnos valiosas para
responder la pregunta.
El altar de Elías (1 Reyes 18:30-38). En ocasión del encuentro con los profetas
de Baal sobre el Monte Carmelo, Elías reparó el altar del Señor que
estaba en ruinas. Entonces él "Con las piedras construyó un altar en honor del Señor,
y alrededor cavó una zanja en que cabían quince libras de cereal" (vers. 32, NVI). Ella fue llenada
con el agua derramada sobre el altar. Aquí encontramos una zanja que
había
sido cavada alrededor del altar la cual tuvo la misión de recibir el
agua que se fue precipitando por entre las piedras. Algunos eruditos
sugieren que Elías reconstruyó el altar teniendo como modelo el que
estaba en el atrio del santuario israelita. Si ese fue el caso, en torno
del altar debería haber habido una zanja con la finalidad de permitir
que la sangre fluyera desde el altar hacia un canal que servía como
sistema de drenaje. Aunque esto podría estar lejos de ser así, es obvio
que un sistema de esta naturaleza habría sido necesario para el altar
que los israelitas tenían en el santuario.
El altar de Ezequiel (Eze. 43:13-17). En visión se le mostró
al profeta un altar con cuatro cubiertas cada una de las cuales era un
codo menor a la que estaba en posición inferior. En la base del altar
había "un reborde de veinticinco centímetros.
La fosa alrededor del altar tenía medio metro de ancho" (vers.
17, NVI). Esto parece dar la idea de un resumidero pozo negro, destinado a recibir la sangre de los sacrificios permitiendo
de este modo dejar el patio limpio de la sangre derramada. También
existe la posibilidad que dicho resumidero estuviera conectado a
un sistema de drenaje destinado a llevar la sangre lejos de los
recintos del templo. Desafortunadamente el texto no nos proporciona
los antecedentes que necesitaríamos
con el propósito de completar el cuadro que tenemos acerca del sistema
de drenaje.
El templo de Herodes. Aunque no tenemos evidencias arqueológicas que nos permitan
fundamentar la idea de un sistema de drenaje conectado a la base del altar
en el Templo de Herodes, felizmente tenemos existen algunos documentos
hebreos que nos sirven para fundamentar la posibilidad señalada. Los eruditos
que han estudiado estas fuentes destacan que de acuerdo a la tradición,
en la base del altar habían dos huecos en los cuales se depositaba la
sangre derramada. Dichas aberturas conducían a un canal de agua corriente
que pasaba a través del atrio del templo en dirección al valle del Cedrón
que estaba fuera de la ciudad. Según dicha tradición, el agua era vendida
a los hortelanos quienes la utilizaban como fertilizante. En este caso
particular existía un sistema de drenaje que permitía que los recintos
del templo se mantuvieran limpios. Algunos eruditos sostienen que esta
tradición es históricamente fidedigna. Si ese es el caso, contamos con
fuentes extrabíblicas que avalan la idea de que el templo contaba con
un servicio de drenaje destinado a eliminar en forma apropiada la sangre
derramada como resultado del sistema de sacrificios. Probablemente este
fue el caso en el santuario y en el templo del Antiguo Testamento.
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