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Ángel
Manuel Rodríguez
A
menudo escucho que debemos orar siempre arrodillados. ¿Es correcto?
Algunos
miembros de iglesia bien intencionados han llegado a la conclusión
de que todas las oraciones en la iglesia deberían ser ofrecidas
sobre nuestras rodillas. El debate demuestra que la oración aún
es considerada significativa en la experiencia cristiana. Pero, de acuerdo
con las Escrituras, las oraciones son presentadas a Dios por su pueblo
en diferentes circunstancias y posturas físicas.
1. De rodillas. Hay muchos ejemplos de personas que oraron al Señor
sobre sus rodillas, sugiriendo que era una práctica común.
Daniel oraba de rodillas tres veces al día (Dan. 6:10), Esteban
cayó sobre sus rodillas y oró antes de morir como un mártir
(Hech. 7:60) y Pedro se arrodilló ante el cuerpo de Tabita para
orar por ella antes que ella volviera a la vida (Hech. 9:40; vea también
Hech. 20:36; Efe. 3:14). Arrodillarse era un ritual que expresaba el
deseo del adorador de rendirse a Dios.
2. De pie. Estar de pie ante el Señor
en oración también
era una práctica común; quizá más común
que arrodillarse. Uno de los casos más impactantes se encuentra
en 2 Crónicas 20. Cuando Judá estaba enfrentando la posibilidad
de un ataque militar, Josafat invitó al pueblo a orar. Permaneció de
pie en la asamblea en la casa del Señor y oró por la liberación
mientras "todo Judá estaba en pie delante de Jehová"
(2 Crón. 20:13). También está el caso de Ana (1
Sam. 1:26) y de Job (30:20).
Los judíos acostumbraban a orar
de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles para mostrar su
piedad. Jesús condenó el
orgullo pero no la práctica de orar de pie (Mat. 6:5). De hecho,
la refrendó cuando dijo a sus discípulos: "Y cuando estén
de pie orando, perdonen lo que tengan contra otros, para que también
su Padre del cielo les perdone sus culpas" (Mat. 11:25, NBE). Permanecer
de pie en la oración enfatiza la libertad que tenemos de acercarnos
a Dios (ver Ester 5:2). Esto significa que lo reconocemos como Rey del
universo y que es nuestro privilegio pedir su guía, bendiciones
y favores.
3. Sentado. La práctica
de orar sentado no es frecuente en la Biblia, pero no totalmente ausente. Un
buen ejemplo es el rey David,
quien "entró, y se sentó ante Yahvéh y dijo:..."
(2 Sam. 7:18, BJ). Ésta es la postura asumida por un individuo
que busca instrucciones del Señor o por medio de su profeta (por
ejemplo: 2 Rey. 4:38; Eze. 8:1; 33:31), y que está listo para
servirlo.
4. Acostado sobre la cama. También
encontramos en la Biblia casos en que las personas oran durante la noche en sus
camas. Mientras están
sobre su cama recuerdan al Señor y meditan en él (Sal.
4:4; 63:6). Esta postura pone el énfasis en la oración
como una oportunidad para meditar en las bondades del Señor mientras
buscamos su ayuda.
5. Postrado. Cuando se postran,
las personas colocan todo su cuerpo de manera horizontal sobre el piso con su
cara sobre él,
generalmente con sus brazos extendidos. Una de las rodillas permanece
flexionada para
facilitar la incorporación desde el suelo. La postración
con poca frecuencia está asociada con la oración en la
Biblia (por ejemplo: 1 Rey. 1:47; Mar. 14:35), pero es fundamentalmente
una expresión de tributo y sumisión ante un superior (2
Sam. 14:4; 14:22; 1 Sam. 28:14). En contextos religiosos, ésta
es una postura de adoración (ver 2 Crón. 20:18). Intensifica
la convicción de que Dios es la fuente misma de la vida humana,
el único que puede preservarla (por ejemplo: Núm. 16:45;
Jos. 7:6; ver Sal. 95:6). No se convirtió en un aspecto indispensable
de la adoración en la iglesia cristiana porque Dios ya no se manifestó más
ni habitó permanentemente en un lugar particular sobre la tierra,
sino que estaba accesible por medio de su Hijo (ver Juan 4:21-24).
Este
breve repaso indica que, en la Biblia, no existe una postura particular
requerida para que oren los adoradores. Las posturas son importantes
sólo en el sentido de que son la expresión externa de la
reverencia, los sentimientos íntimos y el compromiso ante el Señor.
Una postura no es lo suficientemente abarcante como para acompañar
todas esas experiencias. Por tanto, encontramos en las Escrituras una
diversidad de opciones y posibilidades. Todo intento de seleccionar una
como superior e indispensable por sobre las demás no tiene apoyo
bíblico.
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