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Ángel
Manuel Rodríguez
Si Dios
sabía que Lucifer se rebelaría, ¿por
qué lo creó?
Esta
es una pregunta a la que es prácticamente imposible darle una respuesta
definitiva. Este tema no es abordado explícitamente en la Biblia. Por lo tanto,
todo intento de respuesta será incompleto y en algún sentido incluirá elementos
de la especulación. Preguntas como estas cargan en su interior el temor a que
Dios, de alguna manera, pueda estar implicado en el origen del pecado en el
universo. Permítame compartir algunos pensamientos.
1. La
conexión de Dios con el pecado y el mal. Cuando se
refiere al origen del pecado y del mal, la Biblia rechaza el monismo (Dios es
el originador tanto del bien como del mal) y el dualismo (el bien y el mal son
dos principios eternos que han estado peleando eternamente entre sí). La Biblia
ofrece un dualismo modificado que niega la naturaleza eterna del pecado y el
mal, al afirmar que este fenómeno tuvo un comienzo y también tendrá un final.
Dado que Dios es eterno y el pecado y el mal no, podemos llegar a la conclusión
de que no pertenecen a la esencia divina. Pero ¿podrían
formar parte de la actividad creativa de Dios? ¿Los
creó Dios? La respuesta bíblica es clara: todo lo que
Dios creó "era bueno en gran manera" (Gén. 1:31). Esto afirma la virtud esencial de lo que
vino a la existencia por medio del poder creativo de Dios.
2. La
conexión de Dios con Lucifer. ¿Y
con respecto a Lucifer? Fue creado por Dios. La Biblia
declara tres cosas importantes acerca de él. Primero, es una criatura; segundo,
cuando Dios lo creó, era "perfecto";
y tercero, posteriormente "se halló en [él] maldad" (Eze. 28:15). El texto afirma la virtud de la
creación de Dios, al mismo tiempo que reconoce que algo horrible le ocurrió a
esta criatura ("se halló en ti maldad").
Pero la última frase, ¿sugiere algo intrínsecamente
malo en Lucifer que, en algún momento, se hizo manifiesto?
Aquí
enfrentamos el misterio del origen del pecado: su irracionalidad. Si bien el
querubín perfecto se puede explicar claramente como el producto de la creación
divina, la maldad es un fenómeno inesperado que "se
halló" (del hebreo matsá) en él. El uso pasivo del verbo en otros
contextos legales nos lleva a concluir que aquí también tiene un sentido legal
(ver Ester 2:23; Sal. 17:3; 1 Sam. 25:28). La conducta extraña del querubín fue examinada legalmente y resultó ser
malvada. El procedimiento legal era necesario porque la conducta del querubín
no correspondía con lo que se esperaba de él. La corte llegó a la conclusión de
que había "maldad" en él.
3.
Explorando la mente divina. El hecho de que Dios sea
omnisciente significa que sabía por anticipado que Lucifer, el portador de luz,
se convertiría en Satanás, el acusador. Dado que Dios es omnipotente, el pecado
y el mal existen porque Dios permitió que existieran. ¿Por
qué Dios lo permitió? Esta es la pregunta básica.
Algunos teólogos han establecido una distinción entre la naturaleza de Lucifer
y su voluntad. Su naturaleza, tal como fue creada por Dios, era buena; pero su
voluntad, tal como fue utilizada por él, lo condujo al pecado y al mal. Dios es
responsable de lo primero, pero no de lo segundo. El mal uso de la voluntad está
basado en la libertad que Dios le otorgó a sus criaturas inteligentes, pero no
estuvo predeterminado por Dios.
Pero ¿Dios
no podría haber evitado todo esto al no crear a Satanás? El costo que tendría que haber pagado hubiera sido demasiado alto; de hecho,
inconcebible. Tenemos que utilizar analogías humanas al especular acerca de por
qué Dios actuó de esta manera. En algún momento de la eternidad, Dios decidió
crear criaturas inteligentes y libres. En su omnisciencia, supo que una de
ellas se rebelaría contra él. En ese momento, ¿no
debería haber cambiado de plan? La respuesta natural
humana sería: "¡Sí!" Abandonaríamos nuestro plan
porque tememos enfrentar un terrible problema. Al hacerlo, el problema nos
derrota por anticipado al forzarnos a cambiar nuestros planes.
¡Pero
Dios no es como nosotros! Una vez que decidió crear,
ninguna fuerza real o potencial lo forzaría a alterar sus planes. De otra
manera, el temor al pecado lo hubiera derrotado antes de crear algo. Dios es el
Valiente que, sin cambiar su plan, decidió enfrentar el problema del pecado y
del mal, y resolverlo de una vez por todas por medio de su Hijo. ¡Y
lo hizo!
Quizá esto
es lo que sucedió, aunque no lo puedo demostrar en forma categórica.
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