Ángel
Manuel Rodríguez
¿Qué es lo que significa que
podemos llegar "a ser participantes de la
naturaleza divina"?
Esta frase se encuentra solo en 2 Pedro 1:4. Probablemente, la mejor
aproximación, al responder su pregunta, es examinar el pasaje
y explorar su significado teológico. El texto dice: "Como todas
las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por
su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por
su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas
y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes
de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay
en el mundo a causa de la concupiscencia" (2 Ped. 1:3, 4). Dividámoslo
en secciones.
1. "Nos han sido dadas por su divino poder..." Satisfacer
nuestras más profundas necesidades no es el resultado de nuestro
poder, sino del poder divino "dado/concedido a nosotros". La palabra
traducida "divino" (del griego theios) es el mismo
término
utilizado en la frase "naturaleza divina". La necesidad humana es
definida como "la vida y la piedad". El término "vida"
parece referirse a la vida eterna, que los seres humanos perdieron
por causa del pecado. "Piedad" enfatiza la semejanza con Dios en la
experiencia diaria de los creyentes, al vivir una vida santa. Cristo
ha provisto para nuestra relación futura con él, a lo
largo de la vida eterna, y para nuestro presente caminar con él
a través
de una vida santificada (ver 2 Ped. 3:11).
2. "mediante
el conocimiento de aquel..." El
don nos alcanza por medio de nuestro conocimiento de Cristo. Esta no
es simplemente una información, sino un profundo compromiso
personal, un conocimiento experimental acerca del poder salvador de
Cristo. Aquí, nuevamente, es Cristo quien toma la iniciativa,
al llamarnos a esa relación. Nos llama por medio de la revelación
de "su gloria y excelencia". El texto presupone el papel del Espíritu
Santo como el revelador de la gloria, o majestad, de Cristo (su deidad)
y de su excelencia (la excelencia de su vida).
3. "por
medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas..." La
gloria y la excelencia de Cristo son los medios por los que recibimos
las promesas de Dios. Estas "preciosas y grandísimas"
promesas son inestimables, porque están basadas en el sacrificio
inapreciable de Cristo (1 Ped. 1:18, 19). Incluyen no solo todas las
cosas que "pertenecen a la vida y a la piedad", sino también
lo que sigue.
4. "para
que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina..." Cuando
nos apropiamos por fe de esas promesas, inmediatamente llegamos a ser
participantes de la naturaleza divina. Son acompañadas por el
privilegio de participar de la naturaleza divina. Obviamente, Pedro
no está diciendo
que llegamos a ser dioses, sino que participamos de lo que no es nuestro
por naturaleza o por derecho. Describe un honor que nos es dado merced
a la obra salvadora de Cristo: la prerrogativa de estar en unión
con Dios y participar de su "poder divino" (vers. 3). Llegar a ser
participantes de la naturaleza divina significa ser capacitados, gracias
al poder de Dios, para llegar a ser como Dios, espiritualmente y moralmente,
en nuestra experiencia diaria.
5. "habiendo
huido de la corrupción
que hay en el mundo..." Nuestra participación
de la naturaleza divina posibilita que vivamos píamente, escapando
de la corrupción que hay en el mundo causada por la concupiscencia.
La construcción gramatical sugiere que la participación
de la naturaleza divina sigue a nuestro escape de la corrupción
que hay en el mundo: "Habiendo escapado de la corrupción
que hay en el mundo causada por la concupiscencia, hemos llegado a
ser participantes de la naturaleza divina". En ese caso, nuestro escape
de la corrupción toma lugar en el momento de la conversión.
Y ahora, por causa de nuestra participación en la naturaleza
divina, somos preservados, en un mundo de pecado, de esa influencia
corruptora.
6. Conclusión: Este pasaje enfatiza
varias ideas. Primero, Pedro indica que la salvación es el resultado
de la obra de Dios, de comienzo a fin. Es un don divino, que nos es
concedido por medio de Cristo.
Segundo, la salvación es nuestra
solo por la unión con
Dios por medio de Cristo, que es no solo humano sino también divino.
Cuando somos conectados con Cristo y somos partícipes de su naturaleza
divina, estamos "en Cristo" (1 Ped. 3:16; 2 Ped. 1:5-9).
Tercero, esta experiencia presupone que la naturaleza humana está debilitada
espiritualmente y en constante necesidad del poder divino. En la resolución
del predicamento humano, Dios nos garantiza el privilegio de una unión
verdadera con él en Cristo.