| . |
Ángel Manuel Rodríguez
La Iglesia Adventista ¿tiene una posición
tomada con respecto a la naturaleza humana de Cristo?
Durante décadas,
los adventistas han estado debatiendo con respecto a la naturaleza humana
de Jesús, sin resolver la diversidad de posiciones que caracterizan
el debate. Estoy agradecido de que no haya preguntado por mi opinión
personal, sino por la que la iglesia tiene con respecto a este tema. La iglesia
ha respondido su pregunta de una manera tangencial. Le mostraré la
posición y por qué, en mi opinión, la iglesia está en
lo correcto.
1. Posición oficial de la iglesia:
Por "posición oficial de la iglesia" quiero significar un
entendimiento específico de un tema doctrinal, votado en consenso por
los representantes de la iglesia mundial en una sesión de la Asociación
General. Con respecto a su pregunta, la declaración de la iglesia de
las Doctrinas Fundamentales es útil, ya que resume lo que la iglesia
sostiene como verdades bíblicas alrededor del mundo. Déjeme citar
algunas declaraciones relacionadas con su inquietud: "Dios el Hijo eterno
se encarnó en Jesucristo [Juan 1:1-3, 14][...] Siendo para siempre verdaderamente
Dios, también se convirtió verdaderamente en hombre, en Jesús,
el Cristo [Heb. 2:14][...] Vivió y experimentó tentaciones como
ser humano, pero ejemplificó perfectamente la justicia y el amor de
Dios [Heb. 4:15]" (Creencias fundamentales de la Iglesia Adventista, nº 4).
En su infinito amor y misericordia, Dios "al que no conoció pecado,
por nosotros lo hizo pecado" (2 Cor. 5:21).
Estas declaraciones atestiguan que, en
primer lugar, Jesús es divino; segundo, que llegó a ser lo que
antes no había sido: verdaderamente humano; y, tercero, que fue sin
pecado, aun cuando enfrentó severas tentaciones. Podemos hacer estas
afirmaciones sin vacilaciones, porque es lo que la Biblia enseña claramente
acerca del Hijo de Dios. Sin embargo, la iglesia, sabiamente, no ha dilucidado,
en una declaración doctrinal, la esencia específica de la naturaleza
humana de Jesús.
2. El misterio de la encarnación:
Lo que ocurrió dentro del vientre de María es algo desconocido
para los seres humanos. Deberíamos estar más que deseosos de
reconocer que la encarnación del Hijo de Dios escapa a nuestra comprensión.
La encarnación es, precisamente, la unión de lo divino y lo humano
en la condición de la carne humana. Aunque las dos naturalezas permanecen
distintas, lo que sucedió no fue que lo divino moró en lo
humano, sino una encarnación real. Éste es el evento
más misterioso en la historia del universo que las criaturas inteligentes
de Dios hayan conocido, y está más allá de su capacidad
intelectual. Es una singularidad genuina en el cosmos; probablemente, sea por
esta razón que Dios ha llevado a la iglesia a afirmar sólo lo
que la Biblia declara inequívocamente, sin intentar especular con respecto
al evento mismo y lo que sucedió en el momento en que las dos naturalezas
se unieron en el vientre de María.
3. Desafío para estudiar: El hecho
de que la encarnación del Hijo de Dios sea un misterio no debería
desanimarnos de explorarla para obtener su mejor entendimiento. Dado que el
estudio del tema nos llevará toda la eternidad, sería deseable —incluso
necesario— comenzar a estudiarlo desde ahora. Sin embargo, la profundidad
de este sagrado tema debería conducirnos a reconocer que nuestras posiciones
son siempre limitadas y que nuestras pretensiones de que lo entendemos deben
estar caracterizadas por la humildad. Lo significativo de ese magnífico
evento es que Dios vino a habitar entre nosotros, revelándonos su gloria,
su gracia y su verdad (Juan 1:14); Jesús "es la imagen del Dios
invisible" (Col. 1:15). La encarnación no ocurrió para estimular
el debate teológico entre los creyentes, sino para hacer posible que
el Hijo de Dios muriera por nosotros y librara "a todos los que por el
temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre" (Heb.
2:15). La contemplación de la encarnación del Salvador debería
llevarnos a imitar su amor abnegado en un espíritu de humildad (Fil.
2:1-5).
Todo intento por definir la naturaleza
humana de Cristo es una exploración del misterio de la encarnación,
y debería ser abordado con reverencia y la conciencia de que no hay
lugar para el orgullo humano y actitudes condenatorias. La iglesia ha permitido
la diversidad de opiniones sobre este tema y anima su estudio, pero rechaza
los intentos de imponer a otros nuestras ideas personales. Los esfuerzos por
obligar a otros a adoptar una comprensión particular de la naturaleza
humana de Cristo generalmente causan turbación, divisiones y actitudes
anticristianas en las congregaciones locales. La exploración de este
tema debería motivar la unidad cristiana, el amor y la fe.
|
. |