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Ángel
Manuel Rodríguez
Lo
que prohíbe el sexto mandamiento
es ¿matar? ¿O prohíbe
el asesinato?
Este tema genera
gran interés, probablemente a causa de sus implicaciones éticas.
Responder la pregunta no es tan difícil como tratar con sus alcances éticos.
Permítanme analizar el sentido de la terminología utilizada
en el mandamiento y luego hacer algunos comentarios generales con respecto
a su significación.
1. Asesinato
premeditado: El verbo hebreo traducido como "asesinar/matar",
en Éxodo
20:13 (ratsach), designa el acto de quitar la vida de manera intencional
y premeditada. En el Antiguo Testamento,
el verbo es utilizado
en casos en los que una persona golpea intencionalmente a otra con un instrumento
de hierro, piedra o madera, causando la muerte del individuo (Núm.
35:16-18). Siempre existe una motivación malvada, como enemistad
(vers. 21) o gratificación egoísta (1 Rey. 21:2, 3, 19).
Generalmente, es cometido por los moralmente corruptos o por los que están
en posiciones de poder (Jer. 7:9; Ose. 6:9). Cuando sucede así,
es un caso de homicidio culpable; es asesinato. Jesús reafirmó explícitamente
el mandamiento y recordó que el asesinato proviene de la ira humana
y la falta de amor (Mat. 5:21, 22). La prohibición está basada
en la doctrina de la creación y la redención: la vida humana
debe ser respetada porque Dios la trajo a la existencia y porque Cristo
la redimió por medio de su sangre.
2. Muerte no intencional: El
verbo hebreo ratsach también puede
designar la muerte accidental y no intencional de otro ser humano. La diferencia
fundamental entre el homicidio y el asesinato se encuentra en la motivación
y en la ausencia de premeditación. En este caso, nos encontramos
frente a la muerte accidental de una persona. Encontramos el mejor ejemplo
en Números 35:22 y 23: "Mas si casualmente lo empujó sin
enemistades, o echó sobre él cualquier instrumento sin acechanzas,
o bien, sin verlo, hizo caer sobre él alguna piedra que pudo matarlo",
la persona tenía el derecho de encontrar seguridad en una de las
ciudades de refugio.
El propósito de la ley
acerca de la muerte no intencional era colocar bajo un control social y
legal la práctica
de la venganza de sangre. Aparentemente, el homicidio no era considerado
legalmente excusable: la
vida del homicida estaba en peligro mientras viviera; al menos hasta que
falleciera el sumo sacerdote (vers. 25). Esto implicaba que la muerte del
sumo sacerdote era contada como la muerte del homicida, lo que le permitía
dejar la ciudad de refugio como un ciudadano libre.
3.
Excepciones justificadas (?): El uso del verbo ratsach (matar,
asesinar), en el sexto mandamiento, parece estar restringido al homicidio
ilegal.
Nunca es utilizado para referirse a la pena de muerte o al acto de matar
en la guerra. Con respecto a la pena de muerte, a menudo encontramos el
verbo hebreo môt, "condenar a muerte" (ver Lev. 20:10; Núm.
35:31). En el contexto de una guerra, se utiliza comúnmente el verbo
hebreo harag, "matar, quitar la vida" (ver 2 Sam. 10:18). Por
lo tanto, el mandamiento no debería ser utilizado exclusivamente
para determinar si la guerra o la pena capital son justas o equivocadas.
En estas áreas,
habrá diferentes opiniones.
Sin embargo, deberíamos
tener en mente que el hecho de que la guerra defensiva fuera practicada
por parte
de los israelitas no significa que
tales muertes hayan sido necesariamente justificables. David estuvo involucrado
en la guerra, y eso lo descalificó ante los ojos del Señor
para construir el Templo (1 Crón. 22:8). Esto sugiere que hay algo
intrínsecamente equivocado en matar en la guerra. La autodefensa
personal ha sido mantenida tradicionalmente por la iglesia cristiana, pero
la autodefensa no debería equipararse con quitar la vida ajena.
La autodefensa requiere el uso de la fuerza mínima necesaria para
neutralizar al intruso o al asaltante. Por supuesto, la acción podría
resultar en la muerte del individuo, por no existe intención premeditada.
La
pena capital es percibida, dentro del sistema teocrático del
Antigo Testamento, como justificable, incluso requerida, en caso de asesinato
(Núm. 35:30). Si esta ley debería ser normativa para la sociedad
moderna es algo que los teólogos, los especialistas en ética
y los sociólogos tienen que debatir (ver Rom. 13:1-5).
Quizá debería
señalar que el concepto de asesinato
no está limitado al acto de quitar la vida humana. Por medio de
palabras y actitudes podemos destruir vidas y casi hacer desaparecer las
aspiraciones de niños, jóvenes y de quienes nos rodean. El
amor preserva la vida y su calidad en todas sus expresiones y ramificaciones.
Siempre deberíamos buscar preservar la vida.
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