Ángel
Manuel Rodríguez
La
Biblia dice que “compareceremos ante el tribunal de Dios”. ¿Qué significa
esto?
Muy
a menudo el significado de expresiones puede ser elucidado
al estudiar los pasajes bíblicos en los que son utilizados. En este caso,
se trata de una práctica legal de la sociedad romana empleada
por Pablo para dar a entender importantes verdades teológicas.
Conocer esta antigua práctica es útil, pero el mismo
texto bíblico nos ayuda al explicar su significado
y su importancia doctrinal.
1.
Origen de la frase. “Tribunal” es
la traducción al Español del término griego bema.
El significado literal de la palabra es “paso” (utilizado
como una medida para designar aproximadamente un metro; literalmente, “un
pie de largo”). Desde ese significado básico, bema llegó a
designar una plataforma elevada al menos un pie por sobre el piso. Tales
plataformas generalmente eran construidas en la plaza del mercado o cerca
de ella y era utilizada por los oficiales romanos para emitir discursos
(por ejemplo, Hech. 12:21) y para tomar decisiones judiciales. El magistrado
se sentaba sobre una silla colocad sobre ella para dirigirse a los presentes.
El término bema, por extensión, se aplicaba a la silla
del magistrado. La “silla del juicio” era la silla de un
tribunal.
2.
Procedimiento legal. Frente al magistrado romano, permanecía el acusado
y los acusadores. Durante el juicio a Jesús, Pilato se sentó “en
el tribunal” (Mat. 27:11, 19; Juan 19:13). Los acusadores presentaron los
cargos, Pilato permitió que Jesús se defendiera, y se dictó una
sentencia legal (Mat. 27:13, 14, 24-26).
Encontramos
una situación similar en Hechos. Cuando estaba en Corintio,
los judíos llevaron a Pablo al “tribunal” (be-ma) de Galión,
procónsul de Acaya (Hech. 18:12). Éste escuchó los cargos
contra Pablo, pero determinó que, de acuerdo con la ley romana, no tenían
base legal. Y “los echó del tribunal” (vers. 16). Los líderes
judíos también insistieron en presentar cargos contra Pablo en
Cesarea, ante Festo. “Al siguiente día se sentó en el tribunal,
y mando que fuese traído Pablo” (Hech. 25:6). Los acusadores comparecieron
y presentaron sus cargos contra Pablo, y se le dio una oportunidad de defenderse
(vers. 7, 8).
Por
lo tanto, esta silla era un tribunal público, un lugar donde el supuesto
delincuente era llevado ante el oficial romano, que funcionaba como un juez.
El acusado y los acusadores comparecían ante él, presentando sus
argumentos y evidencias, y él escuchaba a la defensa. Después de
una evaluación de las evidencias, el magistrado romano pronunciaba su
decisión legal a favor o en contra del acusado.
3.
Uso teológico. Esta práctica legal fue empleada por Pablo para
ilustrar los procedimientos del tribunal celestial. En Romanos 14:10, se refiere
a bema como “el tribunal de Cristo”, al igual que en 2 Corintios
5:10. Estos dos pasajes contienen varias ideas importantes. Primero, afirman
que hay una corte divina en la que Dios, por medio de Cristo, opera como juez.
La referencia es al juicio escatológico.
Segundo,
que los creyentes cristianos comparecerán ante el tribunal de
Dios para rendir cuenta de sus actos (Rom. 14:12). Al final de este proceso legal
escatológico, “toda lengua confesará a Dios” (vers.
11) para reconocer la justicia de Dios.
Tercero,
el pueblo de Dios también comparecerá ante él para
recibir lo que se merece por “lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo,
sea bueno o sea malo” (2 Cor. 5:10).
Cuarto,
2 Corintios 5:10 revela que, en el juicio, se analiza la evidencia y Dios pronuncia
un veredicto sobre la base de esa evidencia.
Finalmente,
deberíamos notar que Pablo no dice quién será el
acusador. En 2 Corintios se sugiere que, en el reino celestial, el registro de
nuestras obras hablará contra nosotros, pero otras evidencias bíblicas
indican que el máximo acusador del pueblo de Dios es el enemigo (Zac.
3:1). Otros pasajes especifican que la defensa es presentada por nuestro abogado,
Jesús (1 Juan 2:1; Heb. 7:25). Ya que lo confesamos aquí en la
tierra, él confesará en el tribunal celestial de que le pertenecemos
(Mat. 10:32; Luc. 12:8, 9).
No
hay necesidad de que comparezcamos físicamente ante el tribunal de
Dios, ya que Cristo nos representa allí. ¡Estas son buenas nuevas!