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Ángel
Manuel Rodríguez
Una
persona que acepta a Cristo, ¿debería primero bautizarse y después
recibir el adoctrinamiento? ¿Fue ésta o no la práctica apostólica?
No
es fácil responder la pregunta sin considerar el contexto, la extensión
y el tiempo ocupados en dar la instrucción usualmente llamada
catequesis, del verbo griego katejéo, enseñar
a los nuevos conversos al cristianismo en los días apostólicos.
Las evidencias históricas muestran que desde el segundo y hasta
el quinto siglo de nuestra era, la acción de catequizar se realizaba
antes de que los creyentes fueran bautizados. Este uso tuvo un vuelco
con la introducción de la práctica de bautizar niños,
lo que determinó que la catequesis fuera realizada después
del bautismo. Consideremos algunos textos bíblicos.
1.
La comisión evangélica (Mat. 28:19, 20): Ésta
fue la orden que Jesús impartió a sus discípulos:
"por tanto, id, y haced discípulos... bautizándolos... enseñándoles
que guarden todas las cosas que os he mandado". Considerando que en el
enunciado el aspecto de la "enseñanza" figura en último
término, algunos concluyen que la catequesis debería darse
después del bautismo.
Sin
embargo, el texto no es tan claro como algunos piensan. Siendo que en
el griego no es muy evidente la relación entre los participios
"bautizándolos" y "enseñándoles" y el verbo principal
"haced discípulos", cabe la pregunta: ¿El hecho de hacer discípulos
implicaba la idea de bautizar a los conversos seguido del plan de enseñarles
posteriormente la doctrina?, o el participio deberíamos considerarlo
como imperativo, con el propósito de enumerar lo que el Señor
esperaba de los discípulos sin que el énfasis estuviera
en la secuencia?
Tomando
como base la gramática griega, la primera opción es bastante
improbable. La segunda, tiene su respaldo en ella. Por causa de la ambigüedad
del texto uno no puede ser dogmático, y aunque aceptara en forma
implícita que existe una secuencia, entonces el hacer discípulos
implicaría que hubo cierta preparación previa al bautismo,
y después de realizada la ceremonia bautismal la preparación
continuaba. La pregunta no es si la catequesis precedía al bautismo,
sino cuánta instrucción se daba en estas ocasiones.
2.
Práctica eclesiástica en el libro de Hechos de los apóstoles: En el sermón que Pedro predicó en ocasión del
Pentecostés 3.000 personas se bautizaron "aquel día" (Hech.
2:41). Las instrucciones que los oyentes necesitaban, el apóstol
las proporcionó durante el mensaje: "Así que, los que recibieron
su palabra fueron bautizados" (vers. 41).
Felipe
"les predicaba a Cristo", lo que sugiere una acción progresiva
cuyo origen estaba en el pasado. Posteriormente, muchos fueron bautizados.
Su mensaje incluía las buenas nuevas del reino y en nombre de Jesús
(Hech. 8:5, 12).
Obviamente,
antes del bautismo los creyentes recibían alguna instrucción.
Felipe, antes del bautismo explicó al etíope las Sagradas
Escrituras comenzando con Isaías 53 (Hech. 8:35). Pablo también
bautizó al carcelero y a otras personas que estaban en su casa
después de "hablarles la palabra del Señor" (Hech. 16:32,
33). Junto con instarlos a que creyeran en Cristo Jesús, Pablo
los instruyó y después los bautizó.
3.
Contenido de la catequesis. Entre los asuntos más importantes
registrados en las predicaciones del libro de Hechos, encontramos:
Las nuevas que Jesús es el Cristo (8:35); su muerte y resurrección
(3:15); su exaltación y mediación (2:33; 5:31); Su señorío
(2:36). Otras doctrinas que se mencionan: El arrepentimiento (2:38; 3:19);
el perdón (13:38); la justificación (13:39); la adoración
al verdadero Dios (17:29); el juicio final (17:31; Rom. 2:16); la resurrección
general (24:15; 17:18); la segunda venida (3:20, 21); el reino de Dios
(8:12); y el Espíritu Santo (2:38).
Esta
lista impresionante indica que las instrucciones fueron impartidas a los
creyentes antes de ser bautizados. El tipo de catequesis variaba de persona
a persona.
Implicaciones
para nuestros días. Si el bautismo implica el fin de la vida
antigua y el comienzo de una nueva (Rom. 6:4), es simplemente imposible
que alguien se bautice sin que se le explique en forma práctica
lo que implica la vida cristiana.
Esto
no es apenas una manera de compartir la verdad presente; es un asunto
de honestidad. El bautismo vincula a las personas con la iglesia, y una
vez unidas reciben la misión de defender la verdad. Lo menos que
podemos hacer con los nuevos conversos es que entiendan la misión
y lo que implica proclamar la verdad bíblica.
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