La legislación hebrea
contempló aspectos que ayudaron a la mujer para no recibir un trato
injusto.
Ángel
Manuel Rodríguez
Estuve
leyendo en Números 5:11 al 31 la descripción de la situación que
debía
experimentar una mujer cuyo marido llegaba a sospechar que era infiel.
Encontré que el trato era indebido y casi inhumano.
Estoy
de acuerdo con usted. Se trata de un reglamento extraño acerca del cual
no se ha encontrado paralelo en el antiguo Cercano Oriente. Lo que algunos
consideran muy ofensivo es que, supuestamente, pone a la mujer en un nivel
infrahumano.
Brevemente,
esto es lo que el texto reglamentaba: En el caso de que un marido sospechara
que su mujer cometió adulterio, debía llevarla al sacerdote, quien juntaba
polvo del santuario y lo ponía en una provisión de agua; seguidamente
pronunciaba y escribía una maldición en contra de ella, la que luego era
lavada en el agua. La mujer entonces pronunciaba un juramento después
de lo cual debía beberla. Si era culpable, su abdomen se hincharía y supuestamente
quedaría infértil. Otros detalles que aparecen en el texto también son
difíciles de interpretar.
Muchos
eruditos piensan que el texto describe lo que es un juicio de Dios. Estos
juicios eran comunes en el mundo antiguo. La finalidad era establecer
culpabilidad o inocencia valiéndose de la intervención divina. Incluía
un examen físico y eran sólo los dioses los que controlaban el asunto.
Por ejemplo, una persona tenía que llevar en su mano un objeto muy caliente
por una distancia determinada. El fracaso en este juicio de Dios o prueba
severa implicaba experimentar malas consecuencias en la prueba, resultado
que era seguido de un castigo determinado por los jueces. En el caso de
las penas por sospechas de adulterio, habiendo sido estipuladas por el
propio Dios, los eruditos técnicamente no la consideran como una prueba
severa. Ellos prefieren denominarla juramento dramatizado.
Tratando de explicar el asunto, necesitamos
comprender la verdadera intención
de la ley. Puede resultarle una sorpresa de que esta ley, en primer lugar,
no tiene la intención de proteger los derechos del hombre; al contario,
vela por los derechos y la dignidad de la mujer. Éstos son los argumentos:
1.
Liberaba a la mujer de la tiranía del marido. Un hombre celoso
que sospechaba infidelidad marital puede haber infligido a su mujer terribles
daños psicológicos e, incluso, ser culpable de abuso físico. Esta legislación
está más bien direccionada a exponer al abusivo y caprichoso marido: ALlévala
al Señor o cállate@.
Esto limitaba su poder sobre ella como ser humano.
2.
Ella era llevada a la Corte Divina de la ley de Dios. En lugar
de autorizar al hombre para que determinara si la esposa era culpable
o no, Dios mismo decidía el caso. En realidad, se la ponía bajo la protección
divina liberándola del sistema legal que era controlado por hombres, los
cuales podrían simpatizar demasiado con el supuesto agraviado. Con esta
salvaguardia, el caso de esta mujer como ser humano era remitido a Dios,
quien la amparaba con derechos legales. Entonces, al beber agua con polvo
del santuario conteniendo simbólicamente la maldición, señalaba su total
dependencia de Dios como santo y justo.
3.
La mujer y el marido eran instados por la ley para someter el caso
a Dios: Con relación al marido, la ley lo instaba a seguir el único
procedimiento singular y legal que existía. Si el Señor la declaraba inocente
no se contemplaba castigo alguno. Aunque dudara de que el procedimiento
acabaría con las acusaciones del consorte, a la mujer también se la instaba
a participar, por cuanto de este modo su suerte quedaba en las manos de
Dios y, en consecuencia, a los hombres no se les permitía matarla. Su
pecado probablemente le produciría esterilidad y la llevaría a la separación
del marido, pero no le acarrearía la muerte.
4.
La mujer sólo podía ser acusada por el marido. En la legislación
de algunos países del Cercano Oriente, todo miembro de la comunidad podía
acusar a cualquier mujer sospechada de adulterio. En la legislación bíblica
que estamos comentando, el único autorizado a formular una acusación era
el marido. De este modo se impedía que la comunidad ejerciera control
social indebido sobre cualquier mujer con la finalidad de victimarla.
Ésta
fue una buena ley en una sociedad en la cual la mujer no contaba con los
derechos que ahora tiene en el mundo occidental. El Señor dirigió a los
israelitas en los aspectos en los cuales él encontraba que necesitaban
mejorar a partir de las prácticas que ya habían adoptado en el contexto
cultural en el cual vivieron. La comentada legislación prueba que Dios
tuvo y sigue teniendo muchísimo respeto por la mujer.