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Hay
ciertas formas de castigo que en la actualidad ya no están
más en vigencia.
Ángel
Manuel Rodríguez
Tengo
la impresión de que el castigo que aplicaban a los hijos (Deut.
21:18-21), era demasiado severo. ¿Podría hacer el favor de comentar
los textos indicados?
La interpretación de cualquier
asunto legal exige un estudio cuidadoso de la respectiva ley y de sus
reales propósitos. Las leyes sirven para proteger los privilegios
y derechos de las personas en su relación con los demás.
De este modo, no sólo es importante acertar con relación
al propósito de la legislación; también es fundamental
determinar los antecedentes sociales que determinaban la importancia que
las leyes tenían para la sociedad israelita.
También
necesitamos mencionar un par de principios que podrán ayudarnos
a comprender las determinaciones de Dios. En primer lugar, debemos reconocer
que en el diálogo del Creador con los seres humanos, Dios se pone
a nuestro nivel con la intención de elevarnos al suyo a un paso
que nosotros podamos seguir.
Segundo,
necesitamos tener presente que el sistema teocrático de gobierno
del Antiguo Testamento, hace tiempo ya no está vigente para el
pueblo de Dios. A su debido tiempo él se encargará de darle
su merecido a los violadores de su ley.
Volvamos
al asunto específico de la ley para el hijo rebelde. Un análisis
de la legislación revela el propósito, los antecedentes
y la misión que ella cumplía.
1.
Se basa en el quinto mandamiento. El mandamiento de honrar a los
padres no especifica el castigo que debe administrársele a los
infractores. Se trata de una ordenanza expresada en forma positiva e incluye
la promesa de larga vida para los que la obedecen (Éxo. 20:12).
El mandamiento y la legislación correspondiente tienen el propósito
de mantener el orden social como resultado de promover el debido respeto
a la autoridad. Legisla con relación a lo que debe ocurrir en el
seno del hogar, donde dicho respeto debe ser inculcado a los integrantes
menores de la sociedad.
2.
Reconoce el derecho de los afectados. La legislación referente
al hijo rebelde reconoce el privilegio y la responsabilidad de la familia
cuando a ella le corresponde hacer frente a una crisis legal muy seria.
3.
Protege los derechos de los padres. Ellos son los responsables por
la crianza y la disciplina de sus hijos mientras los enseñan y
capacitan. Si un hijo desarrolla la tendencia a una conducta rebelde e
irrespetuosa, esta ley garantiza el derecho que tienen los padres de solicitar
el apoyo de la comunidad.
4.
Protege el derecho de los hijos. Los padres no tienen por qué
complacer a un hijo que no tiene el mínimo respeto por ellos. Esta
ley constituía una protección legal muy importante en un
mundo en el cual muchas veces los padres consideran a los hijos como un
objeto de su propiedad. La vida de los hijos estaba en manos de la ley
y de las cortes, y no solamente en la de sus padres, quienes, por causa
de una frustración o de una rabia, hasta podrían abrigar
la tentación de matarlo.
5.
Protege el derecho de la madre. La decisión de enjuiciar a
un hijo no dependía exclusivamente del padre, aunque en ciertos
casos parece que él tenía potestad incluso sobre la vida
de los hijos (véase Gén. 42:37). Sin embargo, esta ley elimina
esa facultad al requerir que la madre participe en la decisión
de llevar al hijo a juicio con el propósito de que la decisión
final quede en manos de la corte. La legislación parece haber constituido
un avance significativo con relación a las prácticas existentes
en aquel tiempo.
6.
En aras de la justicia. Los padres debían presentar a la corte
evidencias significativas de que el comportamiento del hijo rebelde no
era un asunto aislado, sino fruto de una persistente actitud criminal.
La legislación no estaba direccionada a ocuparse de niños
inmaduros, si no de personas capaces de distinguir entre el bien y el
mal, como es el caso de los delincuentes juveniles que constituyen una
amenaza para la sociedad. Los ancianos de la ciudad, actuando como jueces,
tenían la misión de estudiar bien cada caso antes de hacer
una decisión. Si el veredicto incluía la pena capital, la
ejecución de la sentencia quedaba en manos de los hombres de la
ciudad. Los padres no participaban en la acción.
Siendo
que la violación de esta ley era considerada muy seriamente, constituía
una medida disuasiva para la delincuencia juvenil y también para
que los padres no llevaran a juicio a sus hijos por asuntos sin importancia
como una rabia o cualquier otra reacción emocional. Esta ley ilustra
el tema del valor que Dios le atribuye a la familia y el papel formador
que ella cumple. También subraya la gran responsabilidad que tienen
los padres y la sociedad con relación a la buena crianza de los
niños.
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