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Detrás
de toda autoridad hay una que es superior, incluyendo el campo religioso
Ángel Manuel Rodríguez
Según
Juan 20:23, ¿qué habrá tenido en mente Jesús cuando
dio a sus discípulos autoridad de perdonar pecados?
El
debate acerca de este texto se prologa desde hace siglos, particularmente
antes y después de la Reforma Protestante. El tema del perdón
es un acto propio de la gracia divina en favor de sus criaturas en rebelión;
fue puesto a nuestro alcance gracias al sacrificio de Jesús. Sea
cual fuere la conclusión que extraigamos de este principio, debe
fundamentarse en el contexto de esta realidad.
1.
El perdón y las ofensas personales: La disposición
a perdonar que Dios manifiesta se espera que sea imitada por los creyentes.
Cristo dijo: "Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si
se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare
contra ti, y siete veces al día volviere a ti diciendo: Me arrepiento;
perdónale" (Luc. 17:3, 4). Esta disposición generosa se
origina en el magnánimo modelo divino, que no demora en perdonar:
"Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos
unos a otros, como también Dios os perdonó a vosotros" (Efe.
4:32).
2.
El perdón y la disciplina eclesiástica. Aunque
el verbo "perdonar" no es utilizado en Mateo 16:19 y 18:18, el contexto
del último versículo sugiere que la autoridad para "atar"
y "desatar" incluye el concepto de administrar disciplina, y de perdonar
a los que se arrepientan. Dicha responsabilidad fue confiada a la iglesia,
pero no a ninguna persona en particular dentro de la grey. Aunque es verdad
que en primer lugar Jesús se dirigió a Pedro (Mat. 16:19),
al mismo tiempo estaba incluyendo a los otros apóstoles (Mat. 18:18).
Literalmente, el texto puede traducirse de este modo: "Todo lo que atares
en la tierra debería haber sido atado en el cielo, y todo
lo que desatares en la tierra debería haber sido desatado
en el cielo". Las decisiones de la iglesia deben reflejar las resoluciones
adoptadas previamente en el cielo. Esto solo es posible sabiendo cuál
es la voluntad de Dios, la que está explícitamente definida
en la Palabra de Dios.
3.
El perdón y la proclamación del evangelio. El versículo
de Juan 20:23 parece que no se encuadra en los dos casos ya citados. Sí,
Jesús se está dirigiendo a sus discípulos, pero en
el texto ellos figuran representando a la iglesia. Por intermedio de ellos
Jesús tenía el propósito de instruir a su iglesia.
Primero,
necesitamos examinar el contexto. Después de la resurrección
Jesús apareció a sus discípulos, y después
de saludarlos, les dijo: "... Como me envió el Padre, así
yo os envío..." (Juan 20:21). Entonces, les dio el Espíritu
Santo. Jesús estaba comisionando a sus discípulos en la
misión que el Padre le había encomendado a él. Dotándolos
del Espíritu Santo (vers. 22), les dijo: "A quienes remitiereis
los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son
retenidos" (vers. 23). Debían ir por el mundo ya sea para perdonar
o no perdonar los pecados de la gente.
Segundo.
En el texto no existe nada que permita inferir que Jesús estaba
estableciendo ya sea la práctica eclesiástica de la confesión
auricular o la de la absolución de los pecados posbautismales por
parte de un representante de la iglesia. Estas prácticas fueron
establecidas posteriormente, después de la era apostólica,
razón por la cual no debe considerarse que están implícitas
en los textos que estamos comentando.
Tercero.
Juan sabía bien que cuando confesamos nuestros pecados a Dios,
él nos perdona en Cristo (1 Juan 1:9). Siendo que ante el Padre
Jesús continúa siendo nuestro sacrificio expiatorio, por
lo tanto, el poder perdonador de su sacrificio no está limitado
de manera alguna (1 Juan 2:1, 2; 4:10).
Finalmente,
considerando que la orden impartida por Jesús a sus discípulos
incluye este mandato evangélico, podemos utilizar otros versículos
que hacen referencia a este mandato, los que nos permiten darle al texto
de Juan 20:23 la interpretación debida. En otras palabras, debemos
utilizarse textos que nos ayuden a comprender los versículos que
al parecer son de comprensión más difícil. En este
caso, Lucas 24:47 es muy bueno.
Después
de la resurrección Cristo apareció a los discípulos
para decirles que en su nombre, en todas las naciones, predicaran el arrepentimiento
y el perdón de los pecados, comenzando por Jerusalén (véase
Luc. 24:47). Los discípulos y la iglesia perdonan pecados en el
sentido de que la misión encomendada a ellos tiene el propósito
de que cada persona tenga la ocasión de ser confrontada con el
evangelio del juicio y la salvación (Juan 3:16; 12:31). Cómo
la gente reacciona a este tipo de proclamación deja en manos de
la iglesia decidir quién se unirá a ella y quién
no.
En
otras palabras, la autoridad concedida por Cristo a la iglesia de
perdonar o no los pecadosconsiste en la facultad de predicar el
evangelio y decidir quien puede o no ser bautizado. Esta misión
debe ser abordada con mucha seriedad.
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