Una imagen perfecta

¿Qué quiere decir Pablo cuando afirma que Jesús es «la imagen de Dios»?

Esta no es necesariamente una pregunta difícil, si bien no se suele enfatizar cierto aspecto de ella. Aunque podría haber una conexión con Génesis 1:27, donde se nos dice que Adán y Eva fueron creados a imagen de Dios, no hay dudas de que Jesús es la imagen de Dios de una manera mucho más abarcadora y singular. Cristo es llamado de esta manera en solo dos pasajes (2 Cor. 4:4 y Col. 1:15). Analizaremos también los pasajes en los cuales los cristianos son señalados como la imagen de Dios/Cristo.

1. Cristo: Imagen de Dios: En 2 Corintios 4:4, Pablo analiza por qué algunas personas rechazan su evangelio. Al responder, contrasta la obra del dios de este siglo y la obra del verdadero Dios. Por un lado, la gente rechaza el evangelio porque el dios de este siglo los ha cegado «para que no vean la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (vers. 4, NVI). El pasaje indica que dado que Cristo es la imagen de Dios, es su propia gloria, algo que se revela en el evangelio.

Por otro lado, Dios es el Dios que creó la luz de las tinieblas. Esa luz pone fin a la ceguera humana, haciendo que la luz brille «en nuestros corazones». Esa luz ilumina todo nuestro ser y nos capacita para ver la «iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz [o persona] de Jesucristo» (vers. 6).

«La faz de Jesucristo» es otra manera de referirse a él como la imagen de Dios. En este caso, Cristo como la imagen de Dios revela la gloria de Dios, es decir, su carácter. En esos versículos, la designación de Cristo como la imagen de Dios señala tanto su naturaleza (es divino) como su función: revela la gloria de Dios en un mundo de pecado y en conflicto con el dios de este siglo.

2. Cristo: Imagen de Dios: Colosenses 1:15 pertenece a lo que se consideran dos partes de un himno cristiano (Col. 1:15-20). La primera tiene que ver con la significación cósmica de Cristo (vers. 15-17), y la otra con su obra redentora (vers. 18-20). Es una narrativa que describe armonía cósmica, y entonces se mueve casi imperceptiblemente a la rebelión y su resolución. Tiene que ver con el conflicto cósmico. A menudo se pasa por alto la referencia a Cristo como imagen de Dios, colocada en la sección cósmica del himno. En el contexto de la creación del cosmos, Cristo es presentado como «la imagen del Dios invisible, el primogénito de la creación» (vers. 15). El título «primogénito» indica su preeminencia sobre la creación e «imagen de Dios» señala claramente su función cósmica como mediador o revelador del «Dios invisible» a toda la creación. En otras palabras, cuando todo fue creado, el Hijo fue instituido como el único medio de revelar el carácter de Dios al cosmos. Aquí, el término imagen no significa «semejanza», sino que designa la naturaleza de Cristo como la manifestación exacta del Dios invisible. En él habita «toda la plenitud de la divinidad» (Col. 2:9, NVI), y él era «por naturaleza Dios» (Fil. 2:6, NVI). Solo Dios puede revelar a Dios. Es así que «todas las cosas [el cosmos] […] por medio de él forman un todo coherente» (Col 1:17, NVI). Es la imagen cósmica de Dios antes del pecado, y Cristo vino a este mundo de pecado como la imagen de Dios en forma humana.

3. Los creyentes reflejan la imagen de Dios: Por naturaleza, los humanos llevan la imagen de Adán (1 Cor. 15:45, 49). Al contemplar la gloria de Cristo, son «transformados a su semejanza» (2 Cor. 3:18, NVI). Nuestro nuevo yo «se va renovando en conocimiento a imagen de su Creador» (Col. 3:10, NVI), lo que significa que la imagen de Dios que casi perdimos nos es restaurada por medio de Cristo. Es una experiencia presente, pero también una expectativa futura (1 Cor. 15:49). Al reflejar la imagen de Cristo en el presente, llegamos a ser sus hermanos y hermanas (Rom. 8:29), parte de la familia de Dios.

Fecha: 
7/15