Un lugar seguro

Cuál fue el propósito de las ciudades de refugio en el Antiguo Testamento?

Las ciudades de refugio fueron seleccionadas de entre las ciudades levíticas como lugares de asilo para personas que causaran la muerte a alguien de manera accidental o involuntaria. Estaban bajo la protección del Señor mediante el sistema sacerdotal. Eran seis, y estaban ubicadas en lugares centrales de Israel, permitiendo así que los sospechosos de homicidio hallaran refugio en ellas hasta que se investigaran sus casos y se diera el veredicto (Deut. 19:2-4; Núm. 35:23, 24). Examinaré la legislación para comentar sobre sus principios y valores fundamentales.

1. Restringía el papel del vengador de la sangre (Go‘el): Una de las funciones de un pariente cercano de la persona que perdía la vida (heb. go‘el, «redentor») era restaurar el orden dentro de la sociedad. Esto se lograba al ejecutar al asesino. Era una práctica común en todo el Antiguo Cercano Oriente y, a menudo, el vengador mataba indiscriminadamente, como un acto de venganza, a varios miembros de la otra tribu. Las ciudades de refugio servían para controlar esa sed de venganza, al requerir que la acusación de homicidio fuera demostrada en una corte, donde se podían evaluar las pruebas y tomar una decisión final. Si la persona era hallada culpable, el redentor  o vengador de la sangre era el ejecutor de la sentencia al cobrarse la vida del homicida. En otras palabras, la función del redentor de la sangre quedaba bajo la jurisdicción del derecho civil (Núm. 35:12).

2. Establecía una importante distinción legal: Mediante la institución de ciudades de refugio, se establecía una importante distinción legal entre el homicidio premeditado y el accidental. La corte estaba obligada a examinar las pruebas, el instrumento usado para provocar la muerte, el estado mental durante el supuesto homicidio, la relación previa entre la víctima y el homicida, y las circunstancias que terminaron con esa muerte (por ej., si la persona fue empujada desde un lugar alto, si la persona fue golpeada por la cabeza voladora de un hacha; véase Núm. 35:16-23; Deut. 19:4, 5). La responsabilidad de la asamblea era juzgar «entre el que causó la muerte (el supuesto homicida) y el vengador de la sangre conforme a estas leyes» (Núm. 35:24). Si la asamblea determinaba que el homicidio era accidental, era responsabilidad del vengador dejar «que el acusado [regresara] a la ciudad de refugio adonde huyó» (vers. 25, NVI). Esto implicaba que a esas personas se les brindaba una escolta para protegerlas en sus viajes a la ciudad de refugio.

3. Respondía al derramamiento de sangre inocente: El derramamiento de sangre inocente no solo perjudicaba la vida social y espiritual de las personas, sino que también contaminaba la tierra sobre la cual se derramaba la sangre. Si no se respondía a esa situación, Dios, el dueño de la tierra, la abandonaría. La vida era demasiado preciosa; y la única manera de purificarla era por medio de la ejecución del homicida (Núm. 35:33, 34). La pena capital afirma el valor de la vida al demandar la vida del homicida. En consecuencia, había un lugar para la función del redentor de la sangre, aunque las ciudades de refugio limitaban esa función al impedir que se diera muerte al homicida accidental y el derramamiento de sangre inocente (Deut. 19:10). Tales personas hallaban refugio en el Señor y eran intocables, a menos que abandonaran el lugar de refugio, en cuyo caso el vengador de la sangre podía darles muerte (Núm. 35:26, 27).

4. Importancia de la ley: Quizás el detalle más importante de la legislación es que la persona tenía que permanecer en la ciudad hasta la muerte del sumo sacerdote (vers. 25, 28). La implicación era que quitar la vida siempre es un asunto serio y, aunque en casos de homicidio involuntario no se requería la pena capital, había que responder al crimen. La muerte del sumo sacerdote es contada como la muerte de los homicidas accidentales, haciendo posible que estos últimos regresaran a su hogar. La significación cristiana es sumamente clara: aunque hemos sido declarados culpables, en el Señor encontramos nuestra «ciudad de refugio». El Redentor de la sangre es nuestro Redentor y, en lugar de castigarnos, su muerte es nuestra muerte. Es la que hace posible que podamos regresar a casa.

Fecha: 
6/16